La ciudad del Jardín en Marcha
Una ciudad móvil conserva su identidad gracias a lo que transporta y a las formas de orientarse en ella.
Estudio de diseño ficticio. Los lugares, personajes y encargos de este caso son inventados.
Un asentamiento que no puede quedarse
La ciudad cambia de posición cada estación. Su centro es un jardín que necesita atravesar climas diferentes para sobrevivir. Buscamos una denominación que siga funcionando cuando las montañas visibles y las coordenadas del mapa ya no sean las mismas.
Descartar la geografía fija
Ciudad del Valle Azul se vuelve confusa al abandonar el valle. Caravana de Hierro destaca el mecanismo y deja fuera a quienes viven allí. Jardín en Marcha pone en primer plano una responsabilidad compartida: sostener el espacio vivo durante el viaje.
El sistema de nombres
El conjunto se llama Jardín en Marcha. Sus barrios se orientan mediante la Campana, el Invernadero y el Patio de Carga. Estas referencias viajan con la ciudad. Las paradas conservan sus propios nombres para que la gente distinga hogar, distrito y destino temporal.
Mostrar el conflicto
El trayecto más corto atraviesa una zona donde el árbol central perdería su última floración. El consejo debe elegir entre retrasar entregas o cambiar el cuidado del jardín. La denominación vuelve visible el motivo por el que la ciudad no puede decidir solo en términos de distancia.
Una indicación que sobrevive al movimiento
«Desde la Campana, sigue hasta el Invernadero» continúa siendo útil después de reordenar los módulos. En el mapa externo aparece la posición actual y la siguiente parada. Esa diferencia evita que el nombre propio prometa una ubicación fija.
Pruebas antes de cerrar el diseño
Revisaríamos las indicaciones en dos configuraciones de la ciudad y preguntaríamos qué elementos se recuerdan. El caso no asegura que una solución funcione para cualquier interfaz: la mecánica de desplazamiento y la escala del mapa deben comprobarse juntas.
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